La Productividad Española y el Capital Humano

La productividad, es genéricamente entendida como la relación entre la producción obtenida por un sistema de producción o servicios y los recursos utilizados para obtenerla. También puede ser definida como la relación entre los resultados y el tiempo utilizado para obtenerlos: cuanto menor sea el tiempo que lleve obtener el resultado deseado, más productivo es el sistema.

La productividad evalúa la capacidad de un sistema para elaborar los productos que son requeridos y a la vez el grado en que aprovechan los recursos utilizados, es decir, el valor agregado.

La forma más simple de calcularlo es establecer la productividad del empleo, tomando el PIB, en términos reales, dividido por el total de horas trabajadas.

La mejora de la productividad se puede obtene, entre otras cosas, innovando en Tecnología, Organización, Recursos humanos, Relaciones laborales, Condiciones de trabajo y/o Calidad.

El modelo productivo en España ha estado basado demasiado tiempo en dos sectores, el del turismo y el de la construcción, de un bajo valor añadido. Esto, unido a la gran temporalidad que hay en España y la poca productividad provoca que la crisis esté teniendo en nuestro país efectos mucho más grandes sobre el empleo.

En 1975, año de la muerte del general Franco, la productividad del trabajo de la economía española representaba el 95,1% de la media de los países que forman hoy parte de la zona del euro. En 2006, según los datos publicados por el Banco de España, ese porcentaje había caído hasta el 91,1%. Se trataba del nivel más bajo desde los primeros años 70, cuando la economía española, en pleno desarrollismo, rompió por primera vez la barrera del 90%.

Débil crecimiento de la productividad en España desde 1995, en relación con otros países de la OCDE, ha sido, en los últimos años, uno de los indicadores más preocupantes sobre la solidez de la economía española y sobre las perspectivas de crecimiento de la renta per cápita española a largo plazo.

De acuerdo con las estimaciones que se presentan en diferentes estudios realizados, los años de escolarización de la población mayor de 25 años podrían explicar directamente un 59% del gap de la productividad del trabajo respecto a EE UU existente en 2007.

La evidencia muestra que el capital humano no sólo afecta directamente a la renta per cápita y la productividad del trabajo, sino también indirectamente, a través de mayores tasas de empleo, de actividad y de inversión en capital físico y tecnológico.

También se muestra la elevada correlación existente entre cantidad (años de escolarización) y calidad de la educación, medida a través de los resultados de las pruebas de PISA1 (2006) para los estudiantes entre 6 y 15 años.

Se presenta una abundante evidencia empírica sobre los efectos directos e indirectos del capital humano sobre la productividad del trabajo y la renta per cápita. Una fuerza de trabajo con un elevado nivel educativo permite que las empresas dispongan de trabajadores más productivos, lo que a su vez genera efectos indirectos a través de mayores incentivos para que las empresas inviertan en capital físico y tecnológico, en un entorno macroeconómico
e institucional que promueve la eficiencia con la que funcionan los mercados.

El capital humano es, por lo tanto, el determinante más importante de la renta per cápita, la productividad
y el crecimiento económico.

Recomendaciones de política económica:

• La economía española puede y debe eliminar a largo plazo la distancia que le separa de los países con mayor  antidad (años de escolarización de la población adulta) y calidad de capital humano per cápita. A pesar de los esfuerzos realizados en las últimas décadas, esta distancia es todavía considerable y afecta negativamente a la
productividad del trabajo y a la renta per cápita.

• Para aumentar los años de escolarización de la población adulta es necesario incrementar el porcentaje de la población que prosigue sus estudios tras la educación obligatoria. Incluso aumentando significativamente las tasas de escolarización en enseñanza secundaria y terciaria de la población en edad de estudiar, dado que los años medios de escolarización de la población adulta cambian muy lentamente debido a la elevada inercia de la demografía,  levará bastantes años converger a los niveles educativos de los países líderes.

• Para aumentar el porcentaje de la población que acaba la enseñanza secundaria y las tasas de escolarización en educación terciaria es necesario realizar un esfuerzo muy importante para reducir la elevada tasa de fracaso escolar que muestra España en relación con las economías de su entorno.

• El aumento de la cantidad de educación debe ir acompañado también de un aumento de su calidad, para lo cual es necesario destinar mayores recursos económicos con los que incrementar el gasto por estudiante y mejorar la gestión y la organización de los centros educativos, así como la formación del profesorado, en un mundo expuesto a constantes cambios sociales y tecnológicos.

• Un gran pacto educativo entre los principales partidos políticos que gobiernan en las distintas administraciones públicas con competencias educativas permitiría avanzar decisivamente en todos estos frentes, creando un entorno favorable y estable en el que mejorar significativamente el sistema educativo y la formación.

• Para que a largo plazo todos estos esfuerzos den sus frutos y mejoren la calidad y cantidad del capital humano, es imprescindible que la sociedad española en su conjunto, tal y como ocurre en los países que han alcanzado niveles educativos superiores a los de España, transmita a los jóvenes el valor de la educación, les convenza de los beneficios que pueden conseguir con su esfuerzo y con el desarrollo de su talento, y les incentive para que continúen  a la formación al terminar su educación obligatoria.

Porque la competitividad de España no depende sólo de los costes salariales (muchos piden que se abaraten los despidos, y algunos, que se bajen los sueldos a los trabajadores).

Se trata de construir un modelo productivo competitivo, y para ello hay que invertir en bienes de capital (maquinaria, ordenadores…), I+D+i pública y privada (nuestro país aún está lejos de los punteros), infraestructuras y telecomunicaciones (la Banda ancha de este país también está muy lejos de las de nuestro entorno), y en formación, gracias a la cual sin duda somos también mucho más productivos, como lo era Inés.

Lo que no hay que confundir es productividad con horas de trabajo (si acaso, operan en sentido inverso, si alguien hace el mismo trabajo en menos horas, es más productivo).

Tampoco se pueden confundir productividad y producción: la productividad sería la producción por unidad (por hora, por ejemplo).

Mejorar la productividad es clave para mejorar el nivel de vida de la sociedad, ya que repercute en más potencial de incrementar los sueldos y más rentabilidad para el capital invertido, que incentiva cada vez más la inversión, el crecimiento de empleo y el crecimiento de la economía.

El incremento de la productividad impulsa el crecimiento de la economía.

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