El compañero del juez Dívar en Marbella
Toda sociedad, y más la democrática, está basada en la confianza recíproca entre sus componentes, que se construye en el día a día.
Veamos qué sucede en España:
El Rey es un vividor irresponsable; su yerno un defraudador; el Jefe de Gobierno incumple la norma con su Registro; el Presidente del Supremo parece ser un malversador; el Ministro de Economía representante en Españla del mayor banco quebrado e iniciador de la crisis; la Ministra de Sanidad no distingue el Jaguar en su garaje; el de Justicia el mayor causante de deficit en un gobierno que pretende cortarlo; el de Defensa con un historial previo de traficante de armas; los banqueros falseando los balances y con su dinero personal en paraísos fiscales; sus pensiones estratosféricas e inmorales; los partidos políticos protegiendo a “sus” delincuentes; los jueces prevaricando en función de los intereses en juego; el Gobernador del Banco de España haciendo dejación de sus funciones y mirando para otro lado, etc. Añadir lo que
os apetezca que, seguro, dejo muchas cosas sin apuntar.
¿Hay alguien por ahí que pueda darme razones para que me sienta integrado en este compost nauseabundo? ”Qué buen vasallo si hubiera buen señor”.
Al presidente del Tribunal supremo Carlos Dívar le gusta pasear por Marbella. Y no solo por el muelle de Puerto Banús, donde la Fiscalía investiga su ir y venir a restaurantes caros, sino también por el Casco Antiguo, que le produce emociones encontradas. La calle Ancha es uno de sus lugares favoritos, con las buganvillas al sol y el exultante olor a dama de noche en pleno estío. Por este entorno es frecuente encontrar al magistrado paseando con su sobrino, el juez Gonzalo Dívar, un togado con fama de “archivo fácil” en su currículo, según su entorno en los juzgados.
‘Dívar Jr.’ llegó a Marbella en 2002, cuando era ministro de Justicia Ángel Acebes. Este político fue el que promovió el cambio de juez de Primera Instancia en el juzgado número 2 de El Puerto de Rosario, donde desempeñaba sus labores Gonzalo Dívar, a la plaza de juez del juzgado de Primera Instancia e Instrucción en Marbella. Dicen los que le conocen que Gonzalo es uno de los sobrinos favoritos del magistrado, ahora acusado por uno de sus propios compañeros de la judicatura. En los viajes a Marbella es frecuente ver a tío y sobrino comiendo juntos en diferentes restaurantes emblemáticos de la ciudad.
En mi opinión, el actual problema con Divar, no es que haya gastado más o menos, sino que es excesivamente pusilánime y pastelero. El que los puestos de designación abusen de los gastos sufragados por el contribuyente, les afecta a todos o una gran parte y no creo que este caso sea excepcional.
Creo que, en este momento, deberíamos ver a muchos políticos en los transportes públicos y eliminar tarjetas VISA ORO y coches oficiales que, pese a intenciones declaradas del Gobierno actual, no parecen haber disminuido ni en número ni en abuso; para mí, se mueve en la dirección adecuada, pero demasiado despacio.
Otro problema con Dívar es su condición de católico militante frente a la indecencia generalizada de todo orden.
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